Confesiones de una dev ansiosa


En la semana entro en pánico, por lo menos, 10 veces. Después de casi una década en la profesión, frecuentemente siento que no sé nada, ABSOLUTAMENTE NADA!! (momento de pánico #11 registrado).

Hace un tiempo le comentaba a una amiga mi sensación y ella me dijo: Ah! Estás hablando del síndrome del impostor, y la vida me cambió!Bueeeh! Realmente no me cambió, pero al menos pude ponerle nombre al vacío que siento en el estómago cada vez que escucho un nuevo concepto, paradigma, lenguaje, framework, técnica o término que no sé y que el resto parece discutir con tanta naturalidad.

Síndrome del Impostor

El síndrome del impostor es la sensación de que lo que se ha conseguido ha sido por accidente y que en algún momento alguien va a descubrir que uno es, valga la redundancia, un impostor.

Yo padezco del síndrome del impostor, intensamente!

Pero no estoy sola, estudios sugieren que hasta un 70% de nosotros lo ha vivido en algún grado, y creo que quienes trabajamos en software sí que estamos expuestos a la “dicha” de vivir con semejante ansiedad. La industria del software cambia rápida y constantemente, solo piense: el primer iPhone fue lanzado apenas hace 9 años! También es un área extensa y diversa: desarrollo web, “la nube”, big data, desarrollo móvil, seguridad, devOps, cientos (o miles?) de lenguajes, frameworks, etc, etc, etc. En este escenario tan cambiante el aprendizaje continuo es la regla, pero a veces no parece ser suficiente y abruma. Entonces qué hacer?

Cómo no sentirse como un impostor?

Honestamente, no sé y no creo que haya una solución perfecta, pero basta con buscar “impostor syndrome” y Dr. Google ofrecerá millones de posibilidades al problema. Después de haber leído e intentado varios soluciones, estas han sido las más efectivos para mí (todos funcionamos diferente, y mi lista, muy posiblemente, será diferente de la suya):

  • Dar charlas de temas que conozco (o que no conozco). Siempre hay alguien que puede aprender algo de uno.
  • Crear una lista con objetivos y celebrar cuando se logren.
  • Cuando uno se sienta como un fraude, leer la lista de objetivos alcanzados.
  • Hablar del tema, ya verá que no está solo.

Finalmente, aunque no disfruto la ansiedad, debo confesar que me asustaría más no sentirla, creerme experta en todo y desconocer lo mucho que hay por aprender sería ignorante y pedante. Sé que mi síndrome del impostor es generado por el reto a cosas nuevas, colegas brillantes y proyectos interesantes, todo lo que me hace sentir pasión por mi profesión. Creo que el truco consiste en encontrar un balance entre seguir aprendiendo, aceptar que nunca lo sabré todo, disfrutar lo que hago y reconocer que la vida es mucho más que mi profesión.

Pam Rucinque

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Melbourne, Australia